Comprar un bonsái en un supermercado suele empezar igual: lo ves bonito, pequeño, con una maceta elegante y un cartel que promete algo como “fácil de cuidar”. Te lo llevas a casa con ilusión… y a los pocos días empiezan las dudas.
¿Lo riego mucho? ¿Lo dejo dentro? ¿Lo trasplanto ya?
La realidad es que muchos bonsáis de supermercado no vienen preparados para durar, pero eso no significa que estén condenados desde el primer día.
Lo que hagas en las primeras semanas marca una gran diferencia.
Entender qué estás comprando de verdad
Lo primero es ajustar expectativas. Un bonsái de supermercado no suele estar cultivado para un desarrollo a largo plazo, sino para aguantar bien en tienda y verse bonito en el momento de la venta.
Eso implica sustratos pobres, riego automático previo, poca adaptación al entorno doméstico y, a veces, estrés acumulado. No es un “mal bonsái”, es un bonsái en una situación delicada.
Entender esto evita decisiones impulsivas.
No hagas nada el primer día (aunque cueste)
El error más común es llegar a casa y empezar a tocarlo todo. Cambiar de maceta, podar, abonar, moverlo de sitio varias veces… todo a la vez.
Un bonsái recién comprado necesita descansar y adaptarse. Lo mejor que puedes hacer los primeros días es colocarlo en un lugar adecuado y observar.
No intervenir también es una forma de cuidado.
Revisa el riego, pero sin exagerar
Muchos bonsáis de supermercado vienen muy regados o incluso encharcados. Antes de volver a regar, comprueba cómo está el sustrato, no te fíes de la superficie.
Regar “por si acaso” suele empeorar las cosas. Es mejor que el bonsái pase un poco de sed puntual que mantener las raíces constantemente húmedas.
Aquí empieza a notarse si el problema es riego… o entorno.
La ubicación es más importante que cualquier otra cosa
Uno de los grandes fallos es colocar el bonsái donde queda bonito. En una estantería, lejos de la ventana, en el centro del salón.
La mayoría de estos bonsáis necesitan más luz de la que reciben en interior. Colocarlo cerca de una ventana luminosa suele ser el primer gran acierto.
Moverlo una vez bien elegido el sitio es mejor que cambiarlo cada dos días.
No trasplantes por impulso
Aunque el sustrato no sea ideal, trasplantar nada más llegar suele ser un error. El bonsái ya viene estresado y añadirle un trasplante puede ser demasiado.
Salvo que el sustrato esté claramente podrido o el drenaje sea inexistente, lo más sensato es esperar al momento adecuado.
El tiempo también cura en bonsái.
Acepta que puede perder hojas al principio
Muchos bonsáis de supermercado pierden hojas tras el cambio de entorno. Esto no siempre significa que esté muriendo.
Es una reacción al cambio de luz, humedad y temperatura. Si la caída es gradual y el bonsái no muestra otros signos graves, suele ser parte de la adaptación.
Aquí la paciencia es clave.
No abones hasta que veas estabilidad
Abonar un bonsái débil no lo fortalece, lo estresa. Aunque venga la tentación de “ayudarlo”, es mejor esperar a que el bonsái muestre signos claros de adaptación.
Cuando el árbol se estabiliza, el abono empieza a tener sentido. Antes, no.
Observa más de lo que actúas
Las primeras semanas con un bonsái de supermercado son más de observación que de acción. Cómo reacciona al riego, cómo responde a la luz, cómo evoluciona el follaje.
Cuanto más observes, mejores decisiones tomarás después.
Aquí se aprende mucho, incluso si no todo sale perfecto.
Algunos no sobreviven… y no siempre es tu culpa
Este punto es importante. Algunos bonsáis llegan ya muy debilitados. Hagas lo que hagas, no todos salen adelante.
Eso no te convierte en mal cuidador. Forma parte del aprendizaje y de entender cómo llegan muchos de estos árboles al consumidor.
Aprender de la experiencia es más valioso que culparse.
Conclusión
Comprar un bonsái en un supermercado no es un error, pero sí un reto. Con calma, buena ubicación y pocas intervenciones iniciales, muchos pueden adaptarse y salir adelante.
El mayor enemigo no suele ser el origen del bonsái, sino la prisa por arreglarlo todo de golpe.
A veces, el mejor cuidado que puedes darle a un bonsái recién comprado es dejarlo tranquilo y observar.
Y desde ahí, empezar a construir algo más duradero.








